Me llamo Víctor, tengo 32 años y trabajo como vigilante de seguridad. La empresa que me contrata es un holding familiar de seguridad privada donde caben desde una gestoría hasta servicios de investigación privada de detectives. En lo mío atendemos básicamente parkings y naves industriales.

La historia de Victor en su trabajo de seguridad privada

Y en un parking estaba hace 3 años cuando fui destinado al servicio de vigilancia nocturna en una nave perteneciente a una pequeña empresa de transporte. Pocos meses después fui protagonista de algunos hechos que merecieron varios artículos en prensa y que voy seguidamente a contar:

La nave está situada en el límite de un conocido polígono industrial. La bordea una nave cerrada de material de construcción y un aserradero reconvertido en almacén de madera donde de forma permanente sólo están 2 perros rottweiller que no paran de ladrar al mínimo ruido. El entorno no es precisamente idílico, hay en él claras señales de abandono. Con la oscuridad de la noche, en especial de algunas noches, se agudiza esa primera impresión. Fui advertido de la peligrosidad del puesto de trabajo por la empresa de seguridad privada y por otros compañeros.

Mi “noche a noche” era y es de domingo a jueves en turno de 22:30 a 07:30. Como el trabajo consiste en estar siempre preparado para situaciones que ocurrirán menos de 1 por ciento de las veces es importante tener algunas rutinas que hagan compatible estar atento a todo lo que pase y ocupar las horas de una forma productivamente cómoda.

Me gusta la tecnología de seguridad privada y siempre llevo en mi mochila herramientas y aparatos para trastear. Desde una dremel 4000 para algún arreglo… a probar una aplicación de control remoto para smartphone. En mi taquilla había guardado un monocular de visión nocturna . Fue una gran suerte tenerlo aquella noche, calurosa y sin luna víspera de la noche de San Juan, cuando sucedió todo.

Llegué como todos los días puntual a mi lugar de trabajo de seguridad privada y pude despedirme de los últimos trabajadores y personal de limpieza que finalizaban turno a esas misma horas, todo aún con luz.

Ya solo y en primeras horas de la madrugada salí de mi puesto para asegurarme que en la parte de las oficinas estaban activadas correctamente las alarmas. Había comprobado que era frecuente que con las prisas de última hora se produjeran descuidos por parte del personal que cerraba el lugar.

seguridad privada

Así fue como recibí la primera señal de que algo no iba bien… justo al pasar por uno de los puntos dentro de nuestro recinto más cercano al almacén de madera estaba acostumbrado a una descarga de ladridos que los dos perros, siempre atentos al mínimo ruido, invariablemente producían.

Pues aquella noche nada … silencio total. Me quedé parado y puse al máximo mis capacidades de observación. A los pocos segundos recibí el segundo “aviso”: en uno de mis giros pude ver, en uno de los extremos de mi campo visual, un golpe de luz de linterna que duró menos de 1 segundo. y había sido dentro de mi recinto. Alguien había entrado y yo tenía que identificarlo, informarlo o poner en conocimiento policial cualquier infracción e impedir que pudiera sustraer, alterar o destruir cualquier elemento atribuido a mi custodia como dice el manual de seguridad privada. Pero sobre todo usar el sentido común, el más importante en este caso después del de la vista.

Por los sonidos que podía percibir estimé, con bastante acierto, que estaban 4 personas dentro. En forma de 2 parejas se encontraban en dos puntos de la instalación separados unos 30 metros.

Hoy analizando la situación creo que tomé decisiones bastante acertadas que contribuyeron a que cayera una peligrosa banda “del Este” dedicada a robo de herramientas, material de construcción y todo lo que de algún valor se pueda meter en una furgoneta robada.
Me dirigí de rápidamente a la dársena donde estaban aparcados los autobuses propiedad de la empresa cliente de nuestra seguridad privada. Tuve la intuición de que no había sido visto por lo que no sabía como iban a reaccionar si tal encuentro se producía.

Cómo utilice la visión nocturna en mi trabajo de seguridad privada:

Decidí ser prudente y recogí de mi taquilla la bolsa donde guardaba mi Yukon Patrol. En el piso superior de la dársena había una garita abandonada de seguridad privada que a través de 3 ventanas y en posición elevada se tenía una magnífica vista de la parte baja de las instalaciones e incluso de los recintos aledaños.

Sin luz desconecté la corriente eléctrica. No estaba cerca del activador de alarma y además creo que sería un error hacerlo en ese momento por prematuro y ofrecer una salida fácil a los delincuentes.

Yukon Patrol 2x24
Subí a la garita puse mi monocular de visión nocturna a funcionar y realice una llamada a la policía. Tuve la sensación al hablar con el agente que estaban al tanto de las actividades de ese grupo y que algún coche patrulla camuflado estaba cerca.

Activé la cámara que se ajustó al segundo y con el Yukon Patrol y con la calma de un científico observando un insecto observe detenidamente los movimientos de los delincuentes que parecían tranquilos pero con rápidos movimientos por la propiedad parecían improvisar la búsqueda de algo.

Los datos ofrecidos desde aquel punto fueron claves para que la detención se desarrollara rápida y eficazmente. Esta circunstancia fue citada en el informe policial y la mención del decreto que otorgó la medalla al mérito policial al inspector jefe responsable en el caso.
Todo había resultado bien, decisiones acertadas, ayuda de la tecnología y un poco de suerte que como en todo siempre hace falta.

Como conclusión en relación al uso de la visión nocturna en el trabajo de seguridad privada fue crucial tener el dispotivo conocido como Yukon Patrol 2×24 del que podeis ver todas sus características aqui: http://prismaticosvisionnocturna.com/yukon-patrol/

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